Programar nuestro cerebro ¿nos destruirá o salvará?

In abril 25, 2017

Elon Musk abrió un nuevo capítulo con el anuncio de su más reciente incursión en el futuro: Neuralink.

Lo que propone con Neuralink es un mundo en el que se pueda editar la mente como si fuera un software, es decir, poder cambiar los recuerdos, las creencias o las personalidades con tan solo oprimir una tecla.

Pero con la creciente presencia de la computación en nuestra vida, que ha transformado multitud de aparatos en dispositivos “inteligentes”, hemos aprendido la lección: ten cuidado con lo que deseas en cuanto a la inteligencia en red.

Musk y otros empresarios están creando modelos de negocios con base en sus suposiciones sobre el cerebro humano: que tiene un sistema operativo y que su lenguaje de señales se puede representar computacionalmente. Bryan Johnson, director ejecutivo de una empresa emergente llamada Kernel, espera poder usar tecnología similar a la de Neuralink para curar la epilepsia y otros trastornos cerebrales.

Ambas empresas emergentes se concentran en una propuesta radical: quieren escribir (no solo leer) el mismo lenguaje del cerebro.

Estas empresas están trabajando en el primer intento de construir un sistema computacional para la mente. Musk dice que la interfaz que espera construir se llamará “lazo neural”, usando el término de uno de sus autores favoritos de ciencia ficción, el fallecido Iain Banks. Sin embargo, los escritores de ciencia ficción, particularmente los autores ciberpunk en los que se inspiró La vigilante del futuro, han dramatizado los riesgos de las versiones de esta idea desde hace décadas.

Pero hay algo mucho más grande en juego.

Las interfaces que pretenden desarrollar tanto Neuralink como Kernel servirían, a la larga, como puntos de conexión no solo para las mentes individuales, sino entre todas ellas.

Desde hace mucho se ha reconocido el poder del lenguaje para desarrollar empatía, para cerrar (en simulaciones) la brecha inconmensurable entre una isla de consciencia y otra. Imagínate cómo sería poder entablar un lazo no solo con una máquina, sino con otra mente, comunicarte en un lenguaje auténticamente común. Las formas de consciencia colectiva que compartimos hoy —imágenes, metáforas o melodías— son copias malas en comparación con lo que podría surgir una vía directa hacia el código neural de la mente.

El proceso de pensamiento fundamental de una persona cambiaría tan radicalmente como el motor de búsqueda ha cambiado la investigación o como el GPS ha cambiado los viajes. Cada uno de nosotros poseería un poder para encontrar información, para comunicarse y para compartir experiencias. Pero irónicamente, también introduciríamos una nueva inquietud, un problema muy básico que desconcertaría a los ciborgs sobrehumanos en los que podríamos transformarnos: ¿quién está pensando esto en realidad: el ser humano o la máquina?

Fuente: Expansión

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